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Durante más de una década impartí clases de dermatología. En mi práctica como cosmetóloga tuve la oportunidad de trabajar en estrecho contacto con la piel de cientos de clientes — y fue precisamente esa cercanía la que me permitió detectar, en dos ocasiones, cambios que requerían consulta médica urgente. Ambas personas acudieron al dermatólogo. Ambas iniciaron tratamiento. Eso es razón suficiente para tomarse este tema en serio y hablarlo con claridad.

Este texto es un artículo informativo. No soy médico. Si algo en tu piel te genera preocupación — acude al dermatólogo. No mañana. De inmediato.

¿Qué es exactamente el melanoma?

El melanoma maligno es un tumor que se origina en los melanocitos, es decir, las células responsables de producir el pigmento de la piel. Puede aparecer sobre piel sana, pero también puede desarrollarse a partir de un lunar preexistente. Por eso tiene sentido observar el propio cuerpo — los cambios no suelen aparecer de un día para otro, y su detección temprana mejora drásticamente el pronóstico.

El melanoma es un tumor capaz de dar metástasis, y su agresividad está relacionada con la profundidad con la que infiltra la piel. Cuanto antes se detecta, mayores son las posibilidades de tratamiento exitoso. Esto no es para asustar — es un hecho que hace que valga la pena saber qué buscar.

La regla ABCDE — qué debe llamar tu atención

Los dermatólogos llevan años utilizando una sencilla pauta para ayudar a evaluar un lunar. Recuerda cinco letras:

A de Asimetría — un lunar sano suele ser simétrico. Si una mitad difiere de la otra, merece la pena consultarlo.

B de Bordes — los bordes regulares y lisos son una buena señal. Los bordes irregulares, dentados o con aspecto de extenderse merecen atención.

C de Color — una lesión uniforme y de un solo color es menos preocupante que una en la que aparecen distintos tonos: marrón, negro, rojo, blanco o azul grisáceo.

D de Diámetro — las lesiones con un diámetro superior a 6 milímetros (aproximadamente el tamaño de la goma de un lápiz) requieren seguimiento. Las lesiones más pequeñas también pueden ser peligrosas, pero este es un umbral ante el que conviene detenerse.

E de Evolución — esta es con frecuencia la señal más importante. Un lunar que cambia — crece, cambia de color o forma, empieza a picar, sangrar o formar costra — requiere evaluación médica sin demora.

No hace falta ser especialista para notar que algo ha cambiado. Basta con conocer el propio cuerpo.

¿Quién tiene mayor riesgo?

El riesgo de desarrollar melanoma no está distribuido de forma uniforme. Existen características y circunstancias que aumentan la probabilidad de su aparición. Conocerlas no está pensado para generar miedo — sino para favorecer una observación consciente.

La piel clara, la tendencia a las pecas y la dificultad para broncearse son factores estadísticamente asociados a un mayor riesgo. Las personas con un gran número de lunares — especialmente aquellos de aspecto irregular, denominados atípicos o displásicos — deberían mantenerse bajo control dermatológico periódico. Lo mismo se aplica a quienes tienen algún familiar cercano que haya padecido melanoma.

Las quemaduras solares — especialmente las sufridas durante la infancia y la adolescencia, cuando la piel es especialmente vulnerable — aumentan el riesgo a lo largo de toda la vida. Lo mismo ocurre con el uso del bronceado artificial, que emite radiación UV en concentraciones incomparables con las de la luz solar natural.

También merece recordarse que el melanoma puede aparecer en lugares que habitualmente no revisamos: bajo las uñas, en la planta de los pies, en las mucosas o en zonas íntimas. Por eso vale la pena dedicar tiempo de vez en cuando a observar todo el cuerpo, no solo las partes expuestas habitualmente.

Sobre el sol, sin extremos

El sol influye en el riesgo de melanoma — eso es un hecho. Pero no significa que haya que temerle ni evitarlo a toda costa. La exposición solar tiene su justificación biológica, y el sentido común es suficiente en la mayoría de los casos: evitar las quemaduras, extremar la precaución en las horas de mayor insolación, procurar que los niños no sufran quemaduras intensas. El melanoma no es un castigo por vivir al aire libre.

Revisa tus lunares con regularidad

El autoexamen de la piel no requiere equipamiento especializado. Basta con buena iluminación, un espejo grande y un momento de tranquilidad — una vez al mes es suficiente. Examina todo el cuerpo: la espalda, el cuero cabelludo, los espacios entre los dedos, la planta de los pies. Si tienes a alguien de confianza cerca, pídele ayuda para las zonas de difícil acceso.

Hazlo con regularidad para tener un punto de referencia. Un lunar que siempre ha tenido el mismo aspecto es algo completamente distinto a uno que está cambiando.

Una regla que vale la pena seguir

Si algo te preocupa — acude al dermatólogo. No esperes a que la lesión crezca. No esperes a que «desaparezca sola». No busques respuestas en internet ni consultes a un cosmetólogo en lugar de a un médico. El dermatólogo tiene las herramientas y los conocimientos para valorar un lunar correctamente. Una visita que resulte innecesaria solo te costará tiempo. Una visita que hayas pospuesto puede costarte mucho más.

Mis dos detecciones no fueron el resultado de diagnósticos especializados. Fueron el resultado de la atención y el contacto cercano con la piel durante el trabajo cotidiano. Esa misma atención puedes practicarla tú también.

Katarzyna Gwizdal, Máster, cosmetóloga, Skin Laser