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El peeling químico es uno de los tratamientos más realizados en los gabinetes de cosmetología y, al mismo tiempo, uno de los más mal entendidos. No se trata de un ácido universal que funcione igual en cualquier tipo de piel. Se trata de una selección deliberada de una sustancia activa adaptada a un problema concreto, al tipo de piel, a la época del año y a la reactividad individual. Precisamente esa selección es la que determina si el resultado será realmente bueno, o si el tratamiento acaba en irritación y decepción.

A continuación encontrará información rigurosa sobre qué son los peelings químicos, qué ácidos se utilizan y para qué, cuándo tiene sentido realizarlos, cuándo no, y qué hacer después del tratamiento para que los resultados sean verdaderamente visibles.

Qué es un peeling químico y cómo actúa

Un peeling químico es una exfoliación controlada del estrato córneo de la epidermis –y en el caso de procedimientos más profundos, también una acción sobre las capas más internas de la piel– inducida por una sustancia activa cuidadosamente seleccionada. En la práctica, esto significa acelerar la renovación celular, unificar el tono de la piel, reducir los puntos negros y las lesiones inflamatorias, y mejorar la textura y la suavidad cutáneas. Un peeling bien elegido actúa como un reinicio para la piel: regula la queratinización, ilumina el cutis y mejora progresivamente la calidad de la piel, siempre que forme parte de un plan y no de un experimento puntual.

Tipos de ácidos cosmetológicos y para qué se utilizan

Los ácidos empleados en la práctica cosmetológica profesional se dividen en varios grupos, cada uno de los cuales actúa de forma diferente y responde a distintas necesidades de la piel.

Los ácidos AHA (alfa-hidroxiácidos) actúan principalmente en la superficie de la epidermis y se asocian sobre todo al alisado, la hidratación y la mejora del tono. Son eficaces para pieles apagadas y fatigadas, líneas de expresión finas, tono irregular y deshidratación. El ácido glicólico actúa con mayor intensidad y produce resultados de alisado rápidos; el ácido láctico es más suave y bien tolerado por pieles secas y sensibles; el ácido mandélico –el más delicado del grupo por su mayor tamaño molecular– se elige frecuentemente para pieles mixtas y propensas a imperfecciones.

El ácido salicílico, perteneciente al grupo de los BHA (beta-hidroxiácidos), actúa de manera diferente: penetra en el entorno lipídico y limpia eficazmente las aperturas de las glándulas sebáceas. Es la elección clásica para puntos negros, poros dilatados, pieles grasas y mixtas, y lesiones acneicas.

Los ácidos PHA (polihidroxiácidos) tienen moléculas más grandes, actúan más lentamente y con mayor suavidad. Son los ácidos de elección para pieles sensibles, propensas a la irritación y con cuperosis, así como para pieles deshidratadas. El gluconolactona y el ácido lactobiónico son los representantes más utilizados de este grupo.

Además de los anteriores, en la práctica profesional también se emplean ácidos orientados a problemas específicos. El ácido azelaico reduce el enrojecimiento, la inflamación y la hiperpigmentación posinflamatoria. El ácido kójico se aplica para tratar manchas. El ácido ferúlico refuerza la protección antioxidante y reduce los efectos del fotoenvejecimiento. El TCA (ácido tricloroacético) es un procedimiento más intenso que se utiliza en casos seleccionados. En la práctica, la mayoría de los peelings profesionales son formulaciones combinadas de varias sustancias activas, que ofrecen un resultado más predecible y completo que un único ácido empleado de forma aislada.

Indicaciones – cuándo los peelings químicos tienen sentido

El peeling químico puede ser una opción adecuada para manchas solares, hiperpigmentación posinflamatoria y melasma (siempre con cautela y un plan claro), acné y puntos negros, poros dilatados y exceso de sebo, textura cutánea irregular, piel apagada y sin luminosidad, primeros signos de envejecimiento y cicatrices de acné –generalmente como parte de un abordaje terapéutico combinado.

Contraindicaciones – cuándo los ácidos no son viables o hay que esperar

Los peelings químicos no se realizan en presencia de una infección cutánea activa (bacteriana, vírica o fúngica), herpes en fase activa, alteración de la integridad de la epidermis o irritación reciente, exposición solar reciente o uso de cabinas de bronceado, durante el embarazo (la mayoría de los procedimientos profesionales se posponen por precaución), en caso de reacción alérgica intensa o piel inestable, y cuando se toman medicamentos fotosensibilizantes –esto siempre se valora de forma individual. Un cuidado domiciliario excesivamente agresivo inmediatamente antes del tratamiento (retinoides, ácidos, exfoliantes mecánicos intensos) es también razón suficiente para esperar o revisar el plan.

Si no está seguro de si el peeling es adecuado para usted, coméntelo en la consulta: informe de los productos que utiliza y de los medicamentos o suplementos que toma. La seguridad siempre tiene prioridad sobre la rapidez.

Con qué frecuencia se realizan los peelings y cuántas sesiones son necesarias

Depende del problema y de la respuesta de la piel. Lo más habitual es realizar un curso de tres a seis sesiones, con intervalos de dos a cuatro semanas –con menor frecuencia en el caso de procedimientos más intensivos. Tras el curso, se establece un calendario de mantenimiento. Los ácidos funcionan mejor cuando forman parte de un plan bien diseñado y no de una sesión aislada. La piel necesita tiempo para remodelarse y mostrar resultados.

Cuidados posteriores al peeling – qué hacer y qué evitar

Después del tratamiento, la piel puede sentirse ligeramente tirante y presentar enrojecimiento, y en los días siguientes puede descamarse –más o menos, según el tipo y la profundidad del peeling. Se trata de un proceso normal de renovación.

Para garantizar un resultado bueno y seguro, tras un peeling químico hidratamos la piel y reforzamos su barrera con productos suaves y sin ingredientes activos agresivos. El rostro se limpia con delicadeza, sin frotar, y no se debe arrancar la piel que se descama. Durante 24 a 48 horas –o más, según las indicaciones–, se evitan la sauna, la piscina, los baños calientes y el ejercicio intenso. Durante unos días se prescinde de exfoliantes, cepillos limpiadores, retinol, ácidos y vitamina C concentrada.

El SPF después del peeling es imprescindible. Un filtro solar de factor alto, reaplicado con regularidad, durante todo el período de recuperación y más allá: tras la exfoliación, la piel es significativamente más sensible a la radiación UV, y la exposición solar sin protección es el camino más directo hacia manchas que anularán todos los resultados del tratamiento.

Por qué la elección de los ácidos es tan importante

Dos personas pueden presentar el mismo problema –manchas, acné, poros dilatados–, pero la causa subyacente, el tipo de piel y la historia de cuidado pueden ser completamente diferentes. Un tipo de piel necesita un plan suave y trabajo para restaurar la barrera; otro puede pasar directamente a procedimientos más intensivos. El acné con puntos negros es un desafío distinto al de las lesiones inflamatorias activas, y la piel madura con acné hormonal requiere un enfoque completamente propio.

Los mejores resultados se obtienen combinando un peeling químico bien elegido, una serie regular de sesiones con los intervalos adecuados y una rutina de cuidado domiciliario inteligente que apoye –y no sabotee– el trabajo realizado en el gabinete.

Katarzyna Gwizdal, Máster, cosmetóloga, Skin Laser